Los cruceiros forman parte del paisaje gallego desde hace siglos. Se levantan en encrucijadas, atrios y plazas, marcando lugares de paso y de encuentro.
Un cruceiro se compone de varias partes: la base o plataforma escalonada, el pedestal, el fuste —a menudo octogonal—, el capitel y, coronándolo, la cruz con el calvario.
El calvario es la parte más exigente: reúne las figuras de Cristo, la Virgen y los santos, talladas una a una. Es donde el oficio del cantero se pone realmente a prueba.
Cada cruceiro es una pieza única. Diseñamos y tallamos cada uno a medida, atendiendo al entorno y a la historia que quiere contar.




