El hórreo nació para guardar y airear el grano, elevándolo del suelo y protegiéndolo de la humedad y los roedores. Su forma responde por completo a esa función.
Se apoya sobre pies de granito rematados por «tornarratos», y sus muros de celosía permiten que el aire circule por dentro de la cámara.
Construir un hórreo en granito exige ajustar cada pieza a mano para lograr un encaje perfecto. Restaurarlo requiere respetar la técnica original.
Hoy el hórreo es también un elemento de gran valor estético para fincas y jardines, un pedazo de patrimonio vivo.




